Palabras y arrepentimiento.
Y ahí estaba una vez más, sintiendo como aquella metafórica corona que solía hacerme resaltar con su cálido brillo y abrazarme en su engrandecimiento solo por poder llamarme rey ante sus ojos; se transformaba de a poco en una corona de espinas tan pesada y tan ruda que lograba romper mi voluntad y mi orgullo antes de dañar mi carné, antes de matarme al punto en que no me importe dañar mi carne.
Siendo completamente consciente de que es la misma espada que usé para intentar protegerla, la que aquella hábil mujer traidora, a la que tanto amo, decidió usar para dar la puñalada trapera que suponía poner fin a mi vida, junto con aquella mentira que tanto camino nos hizo recorrer buscando algo que nunca existió.
Y ahora, sin una poética interpretación, me encuentro así de deteriorado, postrado en mi patio, bañado en los resultados de mi miseria. Logro discernir la calma finalmente brotando a la vez que mi ritmo cardiaco desciende, con los dedos enterrados en la sucia nieve de verano al abrazar este suelo tan sucio como familiar, puede distinguir además la pesadez en mi pecho a causa de la anemia, de la sucia angustia e impotencia ante el claro escenario tan Pacífico de mi muerte, orquestado con los escasos sonidos que la naturaleza puede llegar a presentar un sábado a las seis de la mañana, casi podría decir que es una muy mala hora para morir, si es que hay otra forma de hacerlo y suponiendo que a la naturaleza le sea relevante mi fecha u hora de muerte, más no puedo culpar a ese silencio simplemente teniendo en cuenta que noto entre parpadeos lo rápido que es el deterioro de mis sentidos ante la pérdida de consciencia. Debido a esto he pasado los últimos quince minutos observando lo que aparentaba ser un águila observando mi agonía desde mi perspectiva, pero que en un pequeño segundo de lucidez, se reveló a sí mismo como una rama enganchada en un cable de luz, supongo que incluso en una situación tan límite es difícil asimilar que al mundo no le es tan relevante tu partida tanto como para decir con certeza que siquiera un ave contemplará tus últimos momentos como si importaras.
De cierta forma tampoco es una mala hora para despedirse, la falta de estímulos y la buena ubicación de mi futuro cadáver me ha llevado a dedicar mi atención a cosas tan previamente insignificantes como el viento o el veloz movimiento del sol.
A sabiendas de que a estas alturas poco importaban los daños que pudiera recibir y que los riesgos que no corriera también eran garantías de fracaso, me dispuse a observar contra mis impulsos naturales el sol, como desentendiéndome del daño que eso podría conllevar a mi visión, “los muertos no tienen buena vista por lo general" me dije a mí mismo entre risas ahogadas de poca vitalidad, y tras lo que contabilizo como diez minutos, mi vista estaba completamente en negro, sin embargo logré distinguir antes de ello el movimiento del sol sorprendiéndome con su velocidad al tomar constancia de la magnitud del mismo y su lejanía con la tierra. Me puse a pensar al respecto en cómo habían visto ese transcurso originalmente sin dañarse los ojos, y divagar acerca de la dirección en que el mismo sale, la desorientación por mareo se hace notoria al ver que no puedo ver en qué posición estoy tirado, no puedo evitar pensar que me hubiese gustado matarme con una brújula dentro de mi campo visual para resolver todas mis dudas antes de partir.
Quizás motivado por mi ausencia de visión cierro mis ojos para dedicarme a un pequeño ejercicio de introspección y hacer más llevadero el proceso natural que conlleva mí ya eventual final. Empiezo a recordar capítulos de mi vida, esto confirma aquel viejo mito de la sabiduría popular que dicta que tu vida pasa frente a tus ojos antes de morir, pero es tan voluntario que resulta decepcionante.
Me veo en la primaria comentando a todo pulmón que quiero llegar algún día a ser presidente, me descubro en otro episodio llorando frente a mi madre pidiéndome que me regale aquel bonito cohete de juguete que tan caro estaba, o cuando me compraron mi primera guitarra; sin dudas son momentos importantes en mi vida, solo decido parar por no caer en cuenta de que he decidido tirar a la basura aquella existencia tan prometedora y que con tanto cariño se ha fomentado, solo por una mala experiencia amorosa, en algún momento algo salió muy mal ahí, igual que en mi experimento de entretenimiento, he recordado todo, y quiero volver a distraerme.
La oscuridad de mis ojos de a poco se va dibujando de un color blanco y no puedo evitar preguntarme si esto es la famosa Luz al final del túnel, pero poder pensar a conciencia y el corroborar que los vidrios del frasco que rompí aquí hace un par de días, los cuales han permanecido desparramados por todo el suelo, siguen haciéndome doler al tomarlos y presionarlos fuerte con mis dedos, me confirma que solo he perdido, o estoy quizás recuperando la visión.
Conseguir el arma no ha sido el calvario que pensé que sería al momento de trazar mi plan, más solo con esto estoy más que seguro que cualquier cosa podría haber sido una alternativa, después de todo, no se puede evitar que alguien se suicide por medio de alejar herramientas, solo alejar los motivos y esas ideas de una mente sirve para un fin tan ambicioso cómo mantener a alguien vivo; pero aún con eso en consideración tengo que reconocer que ha sido sorpresivamente accesible, al punto en que conseguirla solo ha sido cuestión de preguntar a las personas correctas en mi escuela mostrándome decidido, y pagarlo, siendo así el mayor problema el caminar a casa con eso en mi mochila entre un montón de fotocopias sobre la dinastía de York y los nervios de ser descubierto.
Nunca me he interesado en armas o algo así, por lo que buscar números de calibres más eficaces para terminar con una vida no fue parte de mi plan, y tampoco estaba tan seguro de si era algo necesario, después de todo, ¿hay armas especiales para cometer un suicidio?.
Tras llegar a mi casa tarde en la noche, pasé la noche en vela repasando los motivos que me llevaron a tomar esa decisión y planteándome una y otra vez lo que podría cambiar con ella, finalmente temprano en la mañana, decidí terminar con todo y disparar.
Tristemente mi maestría al manejar un arma y mis escasos conocimientos de anatomía no fueron suficientes como para terminar mi vida de una forma limpia, y heme aquí con mi cabeza transformada en una cascada de carne completamente irreconocible, mas tristemente funcional.
Había pensado en algún punto en la remota posibilidad de dejar una nota de suicidio, pero la idea dejó de parecerme viable cuando me cuestioné la importancia de lo que pase o no tras mi muerte, después de todo, en cierta forma matarme a mí es terminar con el mundo. Y no lo digo como un acto de ego, pero ¿no es el mundo acaso lo que yo vea en él y mi percepción del mismo? Incluso viéndolo fuera de esa esa teoría, puedo decir que hago un favor mayor al mundo ahorrando papel, que contando una historia que ya no se puede cambiar. Por segunda vez intentó reír y ahogado en sangre y pienso como una ácida conclusión: “He salvado al mundo”.
Tras una corriente de pensamientos e ideas desenfrenadas pasando en un segundo por mi mente entre los cuales puedo incluir cosas como mi primer beso, el estreno de la película de los Minions y mi deseo ridículo en contexto de tomar un mate dulce con mi ya difunta abuela, solo “escucho" o mejor dicho percibo un pitido dentro de mi cabeza, mientras siento como pierdo el control de mi cuerpo del todo, y en un lapso de entre treinta minutos y una hora, mi vida termina.
Tiempo suficiente para encontrar mot
ivos por los que arrepentirme.
Comentarios
Publicar un comentario