Manual para no aprender.
No sé qué es ser,
ni quiero saberlo.
Roles, ideologías, grupos:
definición y permanencia.
Por elección, acción, e incluso omisión —
cuando la imprecisión fue dolencia—
me vi fuera de la órbita
de la pertenencia
y la resolución.
Incapaz de resumir mi pensar
y endulzar mi forma de hablar,
resulto torpe sin excepciones
a la hora de decidir
qué hora va a ser la que extender indefinidamente
dentro de la prejuiciosa fidelidad al ego
que me obliga a explicar por qué fluctúo.
Hoy soy lo que nunca quise,
y mañana volveré a ser lo que fui
por nostalgia, idealización
o el olvido de las quejas de un ayer,
que es hoy un futuro que intento evitar.
Admito con humildad lo exótico
en avergonzarme atemporalmente de esta manera,
irreverente ante mi deseo de aglutinarme
y encontrarme —nunca mejor dicho—
en el cálido recibimiento del bautismo impuro
ante mi nueva identidad
libre del pecado
de la incómoda indecisión identitaria.
Ni siquiera puedo señalar
mi incapacidad necesaria
de delimitarme con un contorno.
Pienso que no tengo forma y, por ende,
debería ser más capaz de lo que soy
al intentar adaptarme al molde del ego
que debería proteger,
pese a mi ferviente deseo
de abandonarlo y no poderlo ni ver.
Ya quisiera saber qué debo rechazar
para señalarme con tal desdén
que no sé canalizar.
¿Soy yo? Todo lo contrario.
¿Yo, soy? Solo si es necesario.
Atentaría contra mi propia idea preconcebida
de concepto e identidad derruida
si, dado el momento, me parece perfecto.
Pues en efecto, mis principios son un vicio
que quiero dejar seguido,
pero a los que vuelvo
con la convicción enferma
de que si no busco que mueran,
entonces no tengo un fin
que me resuelva del todo
si acaso estoy bien así
o debo seguir disociando
para evitar decidir
si acaso sigo
o me mantengo sintiéndome inagotable
y, a la vez, insuficiente
para un molde inexistente
que se supone que existe,
donde no funciono nunca
para hacerme sentir útil
pero sirvo en un papel donde me paso de renglones
y es una letra infantil
que no sabe para qué sirve.
Me causa gracia pensar que,
si hago gracia y me marcho dando las gracias,
cumplo un rol tan adecuado.
Pero si me quedo en más memorias de las necesarias
y mis desvaríos ya hartan,
no pueden ser disfrutados.
Y eso me hace replantear:
¿El límite de mi papel es el tiempo?
¿La profundidad? ¿La nada? ¿El acné?
¿Sueños, recuerdos,
memorias de oferta,
desinterés y diarrea?
Asco.
Dos horas de atasco.
¿Tráfico? Adolescencia.
¿Dónde terminó?
¿Y los principios?
Fue el abuso de sustancias.
Abusos en la infancia, quizás.
La vida. La muerte.
¿Soy mufa?
¿Horno, carbón o estufa?
Solo es cosa de suerte.
Verme verte no me gusta.
Verte verme igual me asusta.
¿Espejo o caleidoscopio?
¿Alcohol, marihuana u opio?
¿Opiniones y episodios,
odio y poemas de amor?
No entiendo bien la intención.
Ignoro lo innecesario…
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